1.8. Más sobre inferencias deductivas e inductivas

Continuemos ampliando nuestro conocimiento sobre la diferencia entre argumentos inductivos y deductivos, señalando otros aspectos que nos pueden ayudar a diferenciar ambos tipos de inferencia.

Inferencias deductivas Inferencias inductivas
La deducción descansa en la aceptación de un principio general, y razona desde dicho principio general, a través de pasos bien establecidos y firmes, hasta la conclusión. Las inferencias razonan a partir de repetidas observaciones particulares (que con frecuencia son observables, empíricas, captables por nuestros sentidos) hacia verdades más generales por medio de generalizaciones estadísticas y analogías (que con frecuencia son inobservables).
En los argumentos deductivos la garantía de que de la verdad de las premisas se sigue la verdad de la conclusión ocurre porque en la inferencia deductiva válida la conclusión no afirma contenido material alguno más allá de lo que afirman las premisas. Con la inferencia deductiva válida, en realidad no ampliamos nuestros conocimientos, sino que los expresamos de otro modo. Por ello, información adicional sobre las premisas no modificará la calidad de la deducción. La inferencia inductiva válida sólo garantiza la verdad de la conclusión a partir de la verdad de las premisas sólo en un cierto grado porque la conclusión aporta más información de la que está contenida en las premisas. Este es el motivo de que la información adicional con frecuencia pueda jugar un papel determinante para juzgar el grado de validez de una inferencia inductiva.
Los argumentos deductivos parece que juegan un papel más importante en las disciplinas que tienen un contenido teórico más prominente, como las matemáticas o la filosofía. Los argumentos inductivos juegan un papel más importante en las disciplinas que tienen mayor contenido empírico, como la física, la química, la biología, etc.

¿Sherlock Holmes realmente deduce?

La distinción entre razonamiento deductivo e inductivo con frecuencia se comprende mal en el lenguaje cotidiano. Sir Arthur Conan Doyle, creador de Sherlock Holmes, hace que su personaje literario defina su propio estilo de razonamiento como "deductivo", cuando en realidad Holmes destaca no por su capacidad de deducción sino de inducción

En efecto, es fácil ver cómo, en la mayor parte de sus aventuras, Holmes resuelve los misterios procediendo desde observaciones particulares hacia conclusiones más generales.